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Breve historia de CONALITEG

Educación,Historia,SEP / febrero 13, 2020

Un 2 de febrero de 1959, el presidente López Mateos crea la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG), que preside hoy día (2020) Miguel Antonio Meza Estrada, como dependencia de la Secretaría de Educación Pública.

El objetivo de CONALITEG es definir las características y el contenido de los libros de texto gratuitos; convocar, para participar en la redacción de los libros mediante concurso. Dando así cumplimiento al Artículo 3° de la Constitución que dispone la gratuidad de la educación.

La idea de libros de texto gratuitos y obligatorios tiene como antecedentes diversos ordenamientos de 1833, 1861, 1867, 1869 y 1890, mediante los cuales el Estado ha ejercido la facultad de señalar los libros de texto obligatorios en las escuelas primarias; así como la distribución gratuita que el porfiriato y después los gobiernos revolucionarios de Obregón, Cárdenas y Ávila Camacho, hicieron de libros y cartillas de alfabetización; pero el  proyecto de la Comisión es más ambicioso: editar y distribuir a todos los niños mexicanos libros gratuitos cuyo contenido abarque los temas de los programas vigentes de educación primaria.

Hasta ahora, la educación elemental obligatoria y gratuita había sido un principio establecido en el artículo 3° tanto en la Constitución de 1857 como en la de 1917, que no había podido tener cumplimiento en tanto los alumnos han carecido de acceso al material de enseñanza indispensable.

Cuando el general Álvaro Obregón ocupó la presidencia de la República, creó la Secretaría de Educación Pública bajo la dirección de José Vasconcelos; ambos consideraron que el tema de la educación era prioritario para el desarrollo del país, de modo que Vasconcelos inició la realización de un proyecto en el que la enseñanza de las primeras letras a poco más del 66% de la población era sólo el paso inicial. Ya desde entonces había expresado Vasconcelos que era necesaria la gratuidad del material de lectura porque “nuestro pueblo es pobre y no tiene el hábito de gastar en lectura. “Nos proponemos crearle la necesidad de leer”; es necesario y perfectamente legítimo que el gobierno invierta una pequeña parte del dinero del pueblo, en lo que el pueblo más necesita: educación, datos que lo informen e ideas nobles que aviven el poder de su espíritu”. Bajo esta premisa, Vasconcelos dispuso que en los Talleres Gráficos de la Nación se editaran los libros de texto de las escuelas oficiales y libros clásicos de Heródoto, Esquilo, Sófocles, Platón, Dante, Cervantes y entre otros clásicos. Sin embargo, sus acciones fueron criticadas, y aun se dio el caso de maestros que protestaron por considerar que las lecturas eran inapropiadas para los niños. A pesar de todo, fueron realizados grandes tirajes de El Libro Nacional de Lectura, Lecturas Clásicas para Niños y las Lecturas para Mujeres; también reeditaron la Historia Universal y la Historia Patria de Justo Sierra.

El presidente Plutarco Elías Calles limitó la producción de textos, dado los problemas con la iglesia católica, se consideró que podría considerarse como una imposición que hubiera libros de texto oficiales.

Al iniciar el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, el 59% de la población mayor de diez años era analfabeta. Por esa razón, se estableció que la nueva escuela socialista estuviera al servicio de obreros y campesinos; y que fueran editados textos de lectura para ofrecerlos a bajo precio (7 centavos); además, la Secretaría de Educación Pública produjo las series de libros: Simiente, la Serie de la SEP, Libérate, Serie Vida y Madre Tierra. Pero los obispos y el Frente Único Nacional de Padres de Familia de Tamaulipas, en desacuerdo con la educación socialista, reaccionaron en contra de la publicación de estos textos.

El gobierno del presidente Ávila Camacho emprendió una campaña de alfabetización por medio de la cual, los adultos alfabetos enseñaban gratuitamente a los analfabetos a leer y escribir. Al efecto publicó cartillas de alfabetización que se distribuyeron masiva y gratuitamente.

Al finalizar el gobierno de Ruiz Cortines, a pesar del gran esfuerzo en materia educativa, el acelerado incremento demográfico hacía que el presupuesto no bastara para dar los servicios que la población requería, lo que ocasionaba grandes rezagos; por ello, casi tres millones de niños en edad escolar quedaban fuera de las escuelas, la eficiencia terminal era del 16% a nivel nacional y en el medio rural era del 2%. La escolaridad promedio de los adultos era de dos años y ejercían sin título más de 27 mil maestros.

Al protestar Adolfo López Mateos como presidente de la República el primero de diciembre de 1958, marcó como prioridad de su gobierno la educación pública; así lo reafirmó a la prensa el 6 de diciembre siguiente, Jaime Torres Bodet, nombrado Secretario de Educación, quien elaboró el Plan Nacional para el Desarrollo y el Mejoramiento de la Enseñanza Primaria (Plan de once años) que, aprobado en febrero de 1959, constituyó el primer esfuerzo por planificar la educación a largo plazo. Se buscaba hacer cumplir el artículo tercero constitucional, satisfacer la demanda educativa real a nivel primario; dar oportunidades de educación a todos los mexicanos, mejorar la calidad de la enseñanza, así como satisfacer la demanda de técnicos y obreros calificados que requiriera el desarrollo del país.

Es en este contexto en que se decide la creación de la nueva Comisión y entregar libros no sólo a las escuelas públicas, sino también a las privadas, pues para López Mateos: “Todos son niños y todos son parte de nuestro pueblo”. Con la intervención del Estado en la producción de libros de texto se trata de otorgar a los niños de todos los sectores sociales, los medios indispensables para el aprendizaje y para asegurar una base cultural homogénea. A través de los textos gratuitos, también se busca educar en civismo, cuidado del medio ambiente, hábitos de higiene; enaltecer el valor del trabajo y del esfuerzo personal vinculados con la idea de igualdad de oportunidades en una sociedad en la que cada persona tiene un deber que cumplir. De ahí que las portadas de los primeros libros de texto gratuitos tengan impresa la Alegoría a la Patria -de Jorge González Camarena- que representaba la agricultura, la industria y la cultura.

“De esa manera, el Estado avanzaba en el proceso de democratización de la enseñanza al contrarrestar los efectos derivados de la desigual distribución de la riqueza y la falta de oportunidades educativas para un amplio sector de la población. Pero al mismo tiempo, el gobierno de López Mateos buscaba promover un sentimiento nacionalista que contribuyera a una mayor integración de la sociedad mexicana. Para ello, los libros de texto gratuito eran el mejor conducto para lograr la difusión de una determinada ideología acorde con los intereses del Estado entre todos los sectores sociales, incluyendo los grupos económicamente privilegiados. Era la forma idónea para que éste pudiera mantener su hegemonía ejerciendo, además del político, un mayor control sobre el aparato educativo”.

Cecilia Greaves Laine señalo en ‘Política Educativa y Libros de Texto Gratuitos. Una Polémica en torno al Control por la Educación’

Los libros de texto gratuitos si bien son obligatorios, no son únicos ni exclusivos, de modo que no excluyen otros textos de consulta que presenten diversas corrientes del pensamiento; y que simplemente establecen el contenido mínimo de la educación primaria, sin negar la función del maestro, la escuela y la familia.

El 20 de febrero de 1980, por decreto del presidente José López Portillo y siendo secretario de Educación Fernando Solana Morales, la CONALITEG se creó “como un organismo descentralizado, con personalidad jurídica y patrimonio propios, y tendrá por objeto la edición e impresión de los libros de texto gratuitos, así como toda clase de materiales didácticos similares”.

Años después, el libro de texto gratuito se extenderá al nivel de la educación secundaria.

“Desde 1960, el primer libro cumplió con las enormes expectativas que generó la iniciativa, al igual que el publicado en 1992; más allá de las discrepancias que en lo personal pudiera tener con su contenido, ambos se acercan a la verdad histórica de acuerdo con documentos y fuentes, que son la materia prima de la historia. Además, están redactados en un contexto laico y hasta cierto punto liberal, digno de enaltecimiento; ambos son claros, están bien escritos y proceden con orden lección tras lección”. (Moreno Francisco Martín. México engañado)

Sin embargo, la nueva edición de 2015, realizada por el gobierno de Enrique Peña Nieto, supuesto heredero histórico del nacionalismo revolucionario, ha suscitado reacciones de autores como Moreno (ya citado) por su inclinación a soslayar el efecto negativo hacia México que a lo largo de nuestra historia han desempeñado la Iglesia Católica y los Estados Unidos, lo mismo que la dictadura porfirista, sesgo que ni los gobiernos panistas, abiertamente de derecha, se atrevieron a dar a los textos gratuitos de historia.

Tras un minucioso y documentado análisis del viraje ideológico hacia la ultraderecha que se observa en los textos e imágenes de la edición de 2015, Moreno concluye: “Enseñemos historia. Mostremos cómo fue que ocurrieron los hechos y evolucionaremos con rapidez porque no podemos cambiar nuestro presente ni nuestro futuro si no conocemos nuestro pasado. Si queremos cambiar la realidad para bien, hagamos que nuestros niños aprendan historia.”

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