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Cuidar de sí, para cuidar de otros. Parte 1.

Actualidad,Salud,Sociedad / febrero 12, 2021

Cuidar de sí, para cuidar de otros

Parte I

Por: Fernando Vásquez

Si bien, las siguientes reflexiones se pueden leer como consideraciones aplicables a cualquier persona, también se pueden considerar pistas para los que tienen la enorme responsabilidad de guiar o enseñar a otros. Me refiero a los maestros, a los directivos de instituciones educativas, a los hombres y mujeres que tienen entre sus manos la crianza de sus hijos, a todos los que por una u otra razón se sienten comprometidos con los procesos de formación humana y trabajo colaborativo.

Cuidar nuestro cuerpo: es, aprender a reconocerlo, a ejercitarlo diariamente, a ofrecerle las atenciones propias de la prevención, para evitar las urgencias de lo curativo. Cuidarlo es disponer un espacio adecuado, sin tantos aparatos tecnológicos al lado, para el sueño reparador; cuidarlo es darle el suficiente sol y el aire limpio para reavivar los ciclos de la vida. Y cuidarlo es también saber con quién interactuamos íntimamente y a quién lo entregamos para nuestra compañía.

“Que vuelvan las frutas a la lonchera, que se tenga el tiempo suficiente para masticar con lentitud, que disminuya el consumo de frituras”; esas deberían ser algunas consignas de la buena crianza.

Cuidar nuestras relaciones: Tal vez por la facilidad con que las nuevas tecnologías nos han hecho creer que resulta fácil conectarse con otras personas, o porque nos hemos contagiado de la desconfianza y la antipatía con los diferentes, cada vez empleamos menos tiempo y menos esfuerzo en establecer relaciones de largo plazo.  Nos parece bien renunciar a construir vínculos sociales en los cuales tengamos que negociar, crear consensos y transigir con posturas e ideas distintas a las nuestras. Hemos ido perdiendo los espacios y las habilidades sociales que son la base de la familiaridad, la solidaridad y el sentido de lo comunitario. Esto nos ha hecho menos tolerantes, terriblemente fanáticos y con un umbral muy bajo para soportar el error, la falta o el equívoco ajeno. Fácilmente descalificamos al contradictor y con mucha irresponsabilidad inventamos rumores o servimos de caja de resonancia para la calumnia y la irreverencia.

Cuidar nuestras relaciones implica, asumir las responsabilidades que nos atañen. Aceptar que lo público nos pertenece, sabiéndonos sus mayores defensores; cumplir las normas, velar por que los contratos sociales se mantengan como punto de referencia en los conflictos de intereses; contribuir a la dignidad de las personas, defendiendo los atropellos y los vejámenes de toda índole. “Cuidar las relaciones es mediar para que los conflictos no se acrecienten, favorecer la participación y los consensos”;  es una forma sencilla cuidar la convivencia.

Cultivar el espíritu: «Buena parte de ese cultivo del espíritu proviene de la lectura, de forjarse un hábito lector en el que entren la literatura, la historia, las ciencias sociales, la poesía».

Cultivar el espíritu es alimentar los procesos de nuestro pensamiento, aguzar el análisis, ser más finos en las inferencias, dejar de estar presos por lo inmediato y evidente. Cultivar el espíritu es “exacerbar” las potencialidades de todo nuestro ser, cualificar lo que está aún burdo o sin terminar, proveer de nuevos lentes nuestro entendimiento. Cultivar el espíritu es, como decía el biólogo y médico François Jacob, acabar de tallar la estatua interior con la que venimos al mundo.

Cuidar nuestro trabajo: Tener un trabajo, llevarlo a cabo con diligencia y optimismo, parece lo más razonable para cualquier persona. Sin embargo, no es conveniente dedicar todos nuestros esfuerzos y todas nuestras horas al trabajo. Digámoslo fuerte: vivir no se reduce a trabajar, lo aconsejable es organizar bien nuestras labores, optimizar el tiempo y los recursos, para que las horas laborales rindan sus mejores frutos. Aprender a planear, a ser más eficaces, a tener metas claras y saber trabajar en equipo para no caer en la situación de “querer hacerlo todo”, de “supervisarlo todo”, de hacer más de lo que humanamente podemos. Saber delegar, construir confianza, desarrollar la escucha activa y el aprendizaje entre pares, todas esas cosas contribuyen para mermar el agobio, el estrés y esa manía enfermiza de no poderse “desconectar” del trabajo. Si así procedemos, tendremos tiempo para atender y compartir con otras personas así como  disfrutar de nuestra familia.

Fuente:

https://www.santillanalab.com/cuidar-de-si-para-cuidar-a-otros/