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Evaluar sin traumatizar


“La evaluación debería ser considerada como un PROCESO

 y no como un suceso y constituirse en un MEDIO y nunca en un fin”.

Pedro Ahumada Acebedo

 

La evaluación debería ser una actividad sistemática y continua la cual esté integrada dentro del proceso educativo. donde se busca apoyar y orientar a los alumnos sobre sus propios procesos de aprendizaje, así como también orientar al profesor sobre los logros de aprendizaje de sus alumnos y la eficacia de sus prácticas de enseñanza.

La evaluación debe ser integral, considerando SIEMPRE, las particularidades e intereses de cada grupo y dentro de ellos, las de cada uno de los alumnos, tomando en cuenta sus competencias. Por ello nosotros como profesores debemos tener muy claro, qué es lo que nos interesa que el estudiante aprenda y en qué nivel, para con ello ser coherentes con la evaluación que haremos y no traumaticemos a nuestros alumnos.

Por ejemplo, a la mayoría de las personas, decimos “odiar” las matemáticas y cuando nos preguntan ¿Qué vas a estudiar? contestamos con total convicción: “Nada que tenga que ver con matemáticas”. Algunas de las razones son: el excesivo énfasis en la parte procedimental de la matemática por encima de la comprensión, la absurda dependencia en lo memorístico sobre lo deductivo, y la aparente irrelevancia de los tópicos de estudio, así como su escasa relación con la realidad son quizás las más notorias. Pero, una de las causas principales del terror que las matemáticas producen entre los estudiantes: la evaluación.

A pesar de que son muchos los docentes que estamos ofreciendo a nuestros estudiantes una matemática más amigable, relevante, enfocada en la comprensión y no en lo mecánico, muy diferente a la matemática que nosotros recibimos cuando éramos estudiantes, a la hora de evaluarlos seguimos haciéndolo de la manera tradicional, examinando lo procedimental, prohibiendo la ayuda de las nuevas tecnologías, premiando la velocidad y la precisión, fomentando la competencia e insistiendo en el trabajo individual y aislado. Esto porque a los estudiantes les siguen aplicando pruebas estandarizadas, desconociendo la realidad de la matemática contemporánea y de la ciencia en general. Para comenzar, todo aquello que sea ejecutar procedimientos o rutinas, la ciencia y la matemática ya se lo ha delegado a los computadores para su realización. Una vez un estudiante sabe y, sobre todo, entiende cómo se suman dos fracciones, o se deriva un polinomio, no necesita demostrarlo sumando doscientas fracciones o derivando tres mil trinomios. Es más, es posible que pueda hacer sin error esas doscientas sumas o tres mil derivadas y aun así no entienda ni el cómo ni el porqué.

Hay otras formas que le permiten saber al docente si el estudiante realmente sabe y entiende cómo sumar fracciones o derivar un polinomio. Una, por ejemplo, es observando cómo le explica a otro cómo hacerlo, y por qué debe hacerlo así.

 

Esas pruebas estandarizadas, universales e individuales desconocen la enorme diversidad de habilidades que existen entre los estudiantes y solo apuntan a evaluar una única manera de abordar la matemática. Ya todos entendimos finalmente que las inteligencias son múltiples y que no todos tenemos la misma mezcla de ellas. Eso mismo es cierto de la inteligencia matemática: viene en muchas variedades (la numérica, la espacial, la aleatoria, la lógica, etc.) Es decir, la evaluación no debe ser para castigar, ni amonestar, ni asustar, ni espantar, ni clasificar.

Esas pruebas estandarizadas y masivas también desconocen la importancia de la colaboración, del trabajo en equipo. Hoy la ciencia contemporánea es fruto de la colaboración de personas con talentos diversos que se complementan y potencian a la hora de colaborar. Los grandes problemas del momento, algunos más urgentes que otros, como el cambio climático, el envejecimiento de la población, la resistencia de las bacterias a los antibióticos, la hipótesis de Riemann, el auge del populismo, la búsqueda de una teoría unificada de la gravitación y el electromagnetismo, la existencia o no de vida extraterrestre y tantos otros, no van a ser resueltos por las ideas geniales de un individuo en un momento de inspiración, sino por la confluencia de la sabiduría, genialidad, el trabajo y el liderazgo de muchos. Greta Thunberg sola no resolverá el problema del cambio climático, pero sí podrán hacerlo los cientos de miles de personas, jóvenes, sobre todo, que ella ha convocado para que entre todos salgamos del atolladero en que nos metimos.

Las pruebas estandarizadas, aplicadas a estudiantes de los más diversos orígenes, culturas, talentos, y con las que las universidades escogen a sus estudiantes, rara vez pueden identificar rasgos incluso más importantes que los meramente académicos, entre ellos rasgos de liderazgo y colaboración. Por ello, cuando dejamos que esas pruebas, a pesar de lo inevitables que son, lo digan todo, no solo estamos dejando a muchos por fuera de oportunidades en que podrían destacarse, sino enviando un mensaje de fracaso a quienes no las superan. Son los que no quieren tener nunca más nada que ver con las matemáticas.

Por supuesto que cambiar de un día para otro la forma de evaluar no es tarea fácil. Es responsabilidad del sistema educativo que deberán abordar poco a poco. Se trata de hallar la forma de evaluar sin causar daño, en condiciones en que quienes están siendo evaluados no sientan que se están jugando la vida, en que la evaluación sea ella misma una ocasión de aprendizaje más, en que lo que se evalúa no sea un solo aspecto del saber matemático. No se trata de pasar el mensaje de que la matemática no requiere esfuerzo, por el contrario, todos sabemos lo exigente que es nuestra disciplina y el mensaje que debemos transmitir es que el esfuerzo que hacemos es reconocido y se manifiesta de muchas formas. A los docentes nos queda la difícil tarea de idearnos la manera de estimular, nutrir y reconocer ese esfuerzo. Un solo examen de opción múltiple, sentado solo en tu mesa-banco, con el tiempo contado, desprovisto de todas las ayudas con las que cuenta cualquier científico hoy día, e incomunicado con el resto del mundo, puede convertirse en un verdadero trauma que expulse para siempre del mundo de las matemáticas a más de uno.

Evaluar es una parte imprescindible del trabajo del docente, pero es algo que pueda hacerse sin hacer daño, ni convertirse en un trauma. Hay mil formas de hacerla: observando, dialogando, mediante proyectos de largo y corto plazo. Existe también la posibilidad de la autoevaluación, pedirle al mismo estudiante que reflexione sobre su proceso de aprendizaje, lo que ganó y lo que quedó faltando. Subestimamos en muchas ocasiones lo que los estudiantes son capaces, por ejemplo, el de ser demasiado autocrítico, examinarse a sí mismos y, de la mano de un docente comprensivo, superar problemas y alcanzar metas, metas que van mucho más allá de sacar buenos resultados en un examen de papel y lápiz. No hay que olvidar que la evaluación debe dejar, un aprendizaje.

 

Cambiar la jugada.

El reto que tenemos todos los que nos dedicamos a la docencia, es contagiar a nuestros estudiantes del amor por cada una de nuestras disciplinas y no atiborrarlos de información, recetas sin sentido y fórmulas arbitrarias que pronto se olvidan.

Los profesores de matemáticas estamos haciendo la transición a unas matemáticas más relevantes, más alegres, menos mecánicas y memorísticas, también tendremos que hacer el esfuerzo de buscar formas novedosas de evaluar el desempeño de nuestros estudiantes, sin llenarlos de temor en el camino, ni ahuyentarlos de la matemática, recalcando no tanto lo que falta sino lo que hay.

 

Algunos instrumentos con los que evaluamos:

  • Listas de cotejo
  • Tablas de desempeño
  • Rubricas
  • Asignación de puntajes
  • Cuestionarios
  • Exámenes
  • Mapas conceptuales
  • Problemas matemáticos
  • Ensayos
  • Exposiciones
  • Resúmenes
  • Proyectos
  • Portafolio de evidencias de aprendizaje
  • Análisis de casos

 

REFERENCIAS

https://www.santillanalab.com/evaluar-sin-traumatizar/

http://www.euv.cl/archivos_pdf/evaluacion.pdf