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La importancia de los libros de texto gratuitos para educación secundaria.

Educación / junio 12, 2019

La educación es, sin lugar a dudas, un nivelador social, un distribuidor de la riqueza, un instrumento clave de la política social. Así lo entendieron los Constituyentes de 1917. El artículo 3.° de nuestra Carta Magna, que garantizó al menos en el plano jurídico, el acceso gratuito a la educación básica se convirtió en un eje de la justicia social a lo largo del siglo XX y del XXI.

Sin embargo, en 1950 de cada 1000 niños que ingresaban a la primaria, solo uno llegaba a la universidad. De esos 1000 niños, 860 desertaban a lo largo de la primaria. El entonces secretario de educación, Jaime Torres Bodet propuso al entonces presidente de la República ,  Adolfo López Mateos, la creación de la Conaliteg, la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuito (hoy Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos). El diagnóstico de Torres Bodet, quien por cierto era también un gran poeta, fue preciso: las familias pobres no podían comprar libros para sus hijos. Era necesaria la intervención del Estado editando, imprimiendo y distribuyendo libros gratuitos para los niños y las niñas mexicanas. El libro de texto, junto con el pizarrón y el gis son los recursos del docente. Desde el primer momento, se publicaron libros para los estudiantes y libros para los profesores.

El primer titular de la Conaliteg fue Martín Luis Guzmán, uno de los grandes novelistas de la Revolución mexicana, quien además había acompañado muy de cerca a Francisco Villa. El mensaje era claro, los libros de texto eran una prioridad. Por eso se eligió a un personaje del prestigio de Martín Luis Guzmán.

Poco a poco, el analfabetismo fue cediendo en nuestro país. En 1970, la población analfabeta era 25.8 millones; en 1990, era de 12.4 y en 2015 de 5.5. Los libros de texto gratuito fueron una herramienta clave.

Vencer el analfabetismo fue una gran victoria, pero insuficiente. Por ello, en 1993  se modificó la Constitución para hacer obligatoria la secundaria. En consecuencia, el Estado debería garantizar la gratuidad de la educación secundaria.  El modelo fue ligeramente distinto; no se apostó por el libro de texto único. Ciertamente, la SEP Secundaria conservó el diseño de los programas de estudio y el derecho a aprobar los libros. Este modelo ha mostrado ser eficaz, pues la Conaliteg asegura la gratuidad de los libros para secundarias públicas al mismo tiempo que permite al profesor de secundaria elegir entre los diversos libros aprobados por la SEP, con la certeza de que los estudiantes podrán contar con ellos de una manera gratuita. En 2015, los mexicanos de más de 15 años tienen en promedio 9.1 grados de escolaridad (Inegi). La política ha dado resultados.

En una ocasión le preguntaron a Jorge Luis Borges cuál era el libro que más había influido en su vida. Borges respondió con buena dosis de humor, “el silabario, el libro con el que aprendí a leer”. Los libros de texto son, en efecto, la llave para la lectura, son la clave que nos permite gozar de la cultura, de la ciencia. Si la educación libera de la opresión y de la pobreza, los libros de texto son la herramienta de herramientas. Y es que, citando de nuevo a Borges, “Uno no es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”.

 

 

Héctor Zagal