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Las pedagogías activas en la Formación Cívica y Ética

Educación / junio 26, 2019

Desde hace más de una década, la Formación Cívica y Ética (FCE) ha estado orientada por el enfoque competencial, el cual se ratifica en el Modelo Educativo 2017. Pero ¿qué significa este enfoque en temas fundamentales como la formación de la ciudadanía activa, la educación en valores, el desarrollo del compromiso ético y la acción moral? ¿Qué novedades ofrecen los nuevos libros de texto?

Las competencias son motor del aprendizaje de la ciudadanía activa y contribuyen al desarrollo moral. Su fuerza radica en que exigen el trabajo simultáneo y articulado de conocimientos, habilidades, actitudes y valores tanto en situaciones problema como en experiencias relacionadas con la convivencia y la realización de proyectos personales y sociales. Para implementarlas, es necesario desplegar pedagogías activas en las que la información, en especial el conocimiento cívico, no sea el centro de la experiencia educativa, sino un recurso para el aprendizaje, junto con la acción comprometida y transformadora. De esta manera se promueven en forma integral el conocimiento cívico, el autoconocimiento, la comprensión crítica y las capacidades para construir una perspectiva personal y social, para intervenir en el espacio público y participar en la resolución de asuntos de interés común. Asimismo, se construyen condiciones para el pleno desarrollo personal y social caracterizadas por la realización de los derechos humanos, el cumplimiento de las obligaciones cívicas, la libertad responsable, la igualdad, la justicia y la paz.

El programa de Formación Cívica y Ética incluye orientaciones generales para que los estudiantes se formen como personas con dignidad y derechos y como ciudadanos competentes. Serán individuos que además de conocer las leyes, comprender los rasgos del gobierno democrático y de la organización del Estado mexicano, podrán desarrollar una identidad ética y cívica. Se busca que estén motivados para la acción moral y asuman el compromiso cívico con la sociedad a la que pertenecen en la escala local, regional y nacional, además de que sean conscientes de la responsabilidad que implica ser humano.

Estas líneas marcadas en el programa deben ser concretadas en el aula mediante situaciones didácticas significativas, prácticas y socialmente relevantes. Por esta razón, el planteamiento didáctico de los libros de Formación Cívica y Ética de la serie Santillana, tiene las siguientes características:

Es problematizador. El punto de partida para el trabajo en cada secuencia didáctica es el planteamiento de situaciones polémicas o que favorecen la identificación de distintas miradas de un tema controversial. Esta problematización inicial propicia la identificación de saberes e ideas previas.
Es práctico. Desde el inicio del trimestre se plantea una tarea, proyecto o acción a realizar. Se abre un espacio para que los estudiantes se enfrenten a dicho desafío, hagan un recuento de sus recursos y planifiquen su estrategia para el cumplimiento de la tarea. En cada una de las secuencias didácticas que integran el trimestre se avanza en su realización. Los proyectos se aplican en el aula, en el entorno escolar o en la comunidad, pues se sabe que el trabajo por proyectos tiene sentido cuando efectivamente se aplican.
Confía en los estudiantes. La propuesta didáctica se sustenta en la confianza. Confianza que abarca la capacidad de los estudiantes para resolver problemas, emprender acciones colectivas, participar en la mejora de su entorno y conducir su aprendizaje. Por esa razón, son ellos quienes toman decisiones sobre la manera de llevar a cabo sus proyectos y otras tareas individuales y colectivas.
Es socialmente relevante. Tanto la información que se ofrece en los libros de texto como los casos para análisis y las actividades sugeridas están fuertemente vinculadas con la realidad sociopolítica y cultural del país, así como con la vida de los estudiantes. También promueve la vinculación activa con la comunidad para su mejoramiento.
Es crítica. Las actividades fomentan la reflexión y el análisis para valorar ideas, comprender situaciones y crear soluciones. La apertura del aula al debate y la deliberación en el contexto de la libre circulación de ideas y la información, son condiciones fundamentales para generar competencias ciudadanas efectivas. Estas se sustentan en el pensamiento crítico, en el diálogo, en la comprensión de problemas políticos y sociales diversos, así como en la aplicación práctica del conocimiento cívico. Por esa razón, se fomenta la discusión grupal, la expresión de puntos de vista y el asumir una postura.
Es vivencial y socioafectiva. La naturaleza de algunos temas de la FCE hace necesaria la inclusión de actividades en las que se pongan en juego las emociones, se aprenda con el cuerpo por medio de la piel, se vivan los valores y se exploren nuevas formas de expresión y de interacción. Por esa razón, en los libros se incluyen actividades grupales de carácter vivencial.
Promueve valores. Los libros de FCE promueven el compromiso con la defensa de la dignidad y los derechos humanos; la motivación ética, el coraje cívico y la indignación. Facilitan la expresión de sentimientos morales como la empatía, la solidaridad, la compasión y la preocupación por el bienestar de otros y el bien común. Propician la práctica de valores universales como la igualdad, la justicia, la libertad o la solidaridad en situaciones reales, como la convivencia intercultural, la construcción de la paz, la defensa de la diversidad o la lucha contra la discriminación. Exponen el desarrollo de capacidades, valores, actitudes y compromisos que preparen para la acción moral y cívica.
Promueve la creación del aula como comunidad de aprendizaje de los valores y de la democracia. En esta propuesta didáctica es fundamental crear condiciones para el ejercicio de la ciudadanía y los valores en el aula y en la vida cotidiana de la escuela. Por esa razón se propicia la reflexión sobre la manera como se convive y las fórmulas para mejorar la convivencia, además, se promueve la creación de estructuras de participación y representación estudiantil que propicien la vivencia de los principios, valores y procedimientos de la democracia en el espacio escolar y en su entorno.

La idea clave detrás de este principio didáctico es que la formación cívica y ética requiere de una experiencia formativa crítica, activa, comprometida, contextualizada, significativa y con un fuerte vínculo con la realidad social, cultural, emocional y política en la que viven los estudiantes.

 

 

Silvia Conde