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“Neuroeducación para profesores” Un método: dos libros


Esto puede parecer un juego de palabras, “neuroeducación” para profesores, pretende reflejar la necesidad de que el profesorado cuente con una formación en el conocimiento del cerebro (neuro) como base del cambio metodológico que nos permita detectar, tratar y solucionar los problemas de la educación.

Hoy en día nadie duda que la educación es la mejor herramienta para avanzar hacia una sociedad más democrática, capaz de equilibrar las desigualdades sociales. Y para conseguirlo, se hace indispensable que los profesores cuenten con la formación necesaria que les permita enseñar en este nuevo entorno en el qué, al igual que en la sociedad, la diversidad y la pluralidad de necesidades debe ser atendida.

-Neuroeducación = ciencia + docencia: La ciencia avanza y sus descubrimientos irrumpen en nuestras vidas. Pero ¿pasa igual en educación? Lamentablemente no, porque a pesar de que en las últimas décadas se ha avanzado más en el conocimiento sobre el cerebro que los últimos siglos, seguimos enseñando como se hacía antes, eso sí, con aparatos digitales.

La neuroeducación, está cambiando este panorama, ya que nos ayuda a integrar todo conocimiento científico en el aula. Parte de la idea es que, como profesores, debemos conocer el cerebro, y tener en cuenta su papel en todo el proceso. Por ello es fundamental que la pedagogía asuma parte del discurso de la neurociencia con el objetivo de dar más solidez al proceso de enseñanza y aprendizaje. Para dotar al profesorado de las herramientas necesarias que les permitan unir neurociencia y educación, muchos están de acuerdo en que se requiere una alfabetización neurocientífica del profesorado (Marina, 2012; Forés, 2015).

Se trata de tener de manera clara y efectiva los fundamentos del funcionamiento cerebral y conocer cómo este se relaciona con el aprendizaje desde la perspectiva de su aplicación real en el aula. Según Marina (2012) el acercamiento entre ambos campos debe basarse en la práctica real en el aula, porque desde los conocimientos teóricos hasta su aplicación real hay mucha distancia.

-Aprendizaje. Interacción de factores: En el aprendizaje no podemos aislar la influencia de cada variable, ya que es la interacción conjunta de todas ellas lo que condiciona el resultado porque al enseñar y aprender, todos los factores interactúan (Caballero, 2017).

Para enseñar, y por supuesto para aprender, debemos partir de las diferencias individuales y tener en cuenta desde una perspectiva global e integradora todas las variables que intervienen, contemplando tanto los aspectos cognitivos, afectivo-motivacionales, sociales y físicos, como las estrategias autorreguladoras del proceso de aprendizaje (lugar, tiempo, planificación…).

Neuroeducación en el currículo (Caballero, 2019) plantea el modelo metodológico que nos permite atender a la diversidad en el aula inclusiva.

Conocer el funcionamiento del cerebro al aprender es necesario, pero ser capaces de adaptarlo a cada persona dentro del currículo es imprescindible”.

Todo el conocimiento que aporta la neurociencia quedaría incompleto sin un cambio metodológico por parte del profesor, que garantice una atención individual dentro del aula inclusiva al enseñar matemáticas, lengua, inglés o cualquier otra materia del currículo (Caballero, 2019).

Sin embargo, tal como dice Blakemore (2011), “sabemos un poco de lo que pasa en el cerebro cuando aprendemos, pero casi nada sobre lo que pasa en el cerebro cuando enseñamos”.

Por eso es imprescindible que el profesor sea consciente de dichos procesos y tenga en cuenta la neurodiversidad en el aula. Además, el maestro actual debe ser capaz de controlar los mecanismos atencionales y motivacionales, porque enseñar y aprender empieza por atender, sin embargo, para lograrlo no solo hay que querer, sino también, saber cómo hacerlo, prestando especial atención al desarrollo de las funciones ejecutivas, sin olvidarnos de los aspectos inconscientes del aprendizaje. Todo ello nos va a permitir ayudar a la persona a desarrollarse en todas sus facetas, adaptándonos a su perfil individual. Pero nada de esto estaría completo si solo nos basamos en la atención individual, porque el ser humano es social por naturaleza, y es en la sociedad donde se realiza plenamente. De hecho, las nuevas necesidades de la realidad actual recomiendan incluir el trabajo en grupo como herramienta fundamental en el aula.

Por todo ello, planteamos un modelo de enseñanza partiendo de la neurociencia, para que nos ayude a los educadores a definir el perfil de cada estudiante y desde ahí, ser capaces de aplicar unas estrategias específicas adaptadas a sus necesidades individuales, gestionando de forma apropiada tanto el currículo de cada materia como el currículo oculto (motivación, uso apropiado del refuerzo, etc.).

Sin embargo, para conseguir llevar a cabo un cambio en el aula, no podemos basarnos solo en acciones puntuales, sino que es necesario un cambio en la metodología del profesor que garantice la continuidad, independientemente del método o la técnica que estemos usando.

-El Modelo Metodológico Holístico Basado en el Cerebro nace de la necesidad de incluir el conocimiento que nos aporta la neurociencia en una metodología global, que nos permita trabajar simultáneamente con todos nuestros alumnos como base de cualquier tarea o proyecto.

Por eso, desarrollar unas habilidades socioemocionales que permitan a nuestros alumnos gestionar de forma eficaz sus vidas es imprescindible. Sin embargo, no podemos olvidar que en los colegios se trabaja una serie de contenidos curriculares, que se sustentan en el avance progresivo del saber de un determinado campo distribuido a lo largo de toda la educación. Y hemos de hacerlo generando habilidades para la vida y asentando las bases sobre las que puedan sustentarse aprendizajes futuros, ya que el conocimiento necesario para asumir con éxito los retos, tanto personales como académicos, no puede improvisarse si no se ha ido desarrollando poco a poco y de forma progresiva, y eso implica hábitos, disciplina y esfuerzo.

La solución está en infusionar los conocimientos que nos aporta la neurociencia en nuestro día a día dentro de la materia que enseñemos, adaptando nuestra forma de enseñar para que todos puedan aprender a su propio ritmo en la misma aula.

Todo ello sin olvidar que las emociones deberían estar en la educación siempre presentes, pero sin que se noten, ayudarnos a transmitir conocimientos en un ambiente seguro, en el que el niño se sienta motivado para querer aprender e intentar superar los obstáculos que se encuentre en el camino.

Fuente:

https://www.santillanalab.com/neuroeducacion-para-profesores/